miércoles, 24 de marzo de 2010

"Santa María de los Caballeros"

Ha vuelto a suceder,hoy mismo...
Puede parecer increíble, pero mil versos y cien relatos después..vuelve a sorprenderme.
Él, mi compañero de blog:
"El Vecino del 4º", ese escritor de pluma mágica, fuente inagotable de historias y personajes, tan fantásticos como reales..me ha llevado de nuevo entre letras de viaje. En esta ocasión por tierras medievales, ancestros que nos llenan de añoranza, con sabor a buen vino,a queso añejo.. ,a gentes de verdad que se dejaban la piel en causas nobles
Con su permiso me lo he traído a "casa ", para poder compartirlo también aquí con vosotros
Un abrazo enorme y gracias una vez más por vuestra presencia, por vuestras palabras



Amaya





Era mediados de Enero de mil seicientos setenta y tantos, una mañana de esas de escarcha blanca y un frío penetrante y helador. A muy tempranas horas, las calles apenas se dibujaban entre el hielo, la niebla y el silencio de una ciudad que aún dormitaba.

Don Diego de Vistabuena de las Fuentes, Don Fernando de Alvero Mayor y Carlos Rodriguez Sánchez llegaron a la Villa y Corte de Madrid, tras la última de las guerras en la que participaron juntos.
Venían a recuperarse de sus aún abiertas heridas, con la idea firme de tomar caldo de huesos varios, buen queso curado de la Mancha, lomo y jamón traído de Salamanca. No faltaría tampoco el vino ,envejecido en barrica de roble, y el aguardiente gallego.

Si a éso se le añade buena y limpia cama, curas diarias de esas carnes mal cosidas , y por las noches, aunque fuera a la pata coja y madiciendo molestias y dolores, la visita inevitable a las tabernas de Cuchilleros y sus alrededores, donde los caballeros bebían y retozaban con mozas lozanas, de buen ver y mejor palpar..la cosa no iba mal. No deberían quejarse. En pocas semanas estarían preparados para seguir defendiendo la noble causa de la Casa Real.

Pero si la guerra de la que venían había sido terrible y digna de olvido entre juergas, risas y vinos,...no menos cruel y tétrica era la situación que se vivía en Madrid.

El hambre continuaba entre la plebe, había conatos de revueltas y pillajes permanentes, algunos brotes de cólera y algo de lepra. La viruela se cobraba vidas. La tuberculosis y la sífilis eran comunes y reincidentes.

- Se nos muere la plebe Don Diego, se nos muere-

Solía decir Don Fernando, y a continuación, sin esperar más detalles, contestaba el de los Vistabuena:

-
Algo habrán hecho!, que recen y cuiden de su alma. -

En ésas..Carlos callaba, no tenía linaje y fué en la guerra donde adquirió galones, prestigio y reconocida capitanía por méritos propios, a golpe de daga y lanza. De hecho cuando Don Diego y Don Fernando sacaban a relucir su origen noble y de sangre azulada, a Carlos se le enredaban las tripas, hasta formar un nudo en la garganta, casi rechinaba los dientes y procuraba no mirarles a los ojos.
Si aún continuaba con ellos, era por obedecer la orden directa del Rey. Más que una orden era una amenaza real.

- Carlos, te nombro caballero y Capitán!..pero has de cuidar hasta el fin de tus
días..de éstos, mis parientes lejanos: Don Diego y Don Fernando. Son tu salvaconducto para que nada te falte de ahora en adelante.-

-Como vos digáis, Majestad.-

-Muertos ellos en combate, tu cabeza rodará al instante.-

Aquella noche, bebieron más vino del aconsejable, habían pasado ya casi dos semanas, los cuerpos tenían mucho más aguante:

-Diego,..qué digo yo, .que si nos vamos de esta infecta cloaca...-

-Adónde pues?...Tu dirás Fernando.-

-No procede Carlos de una pequeña aldea tranquila???...junto a los montes de Gredos???...

-Eso essssss!!!!...Allí podríamos terminar de reponernos.-

-Una buena bolsa de monedas de oro, caballos de refresco..y sin prisas con el tiempo.-

-Carlos, cuál era el nombre del lugar donde te malcriaron de pequeño???... -

-Santa María, junto a Barco de Ávila, a unas cuantas jornadas "a caballo", pero bien abrigados..y bien de dinero, no hay mayor dificultad.-

Pero algo debió suceder en el camino, que aún hoy, pasados varios cientos de años, queda por desvelar.

Parece que esa misma noche marcharon a caballo, pasando, entre tragos, risas y buena comida, varias posadas, fondas y ventas de camino.

Un Martes, 7 de febrero, mañana de niebla cerrada, en tierras de Santa María, encontraron, sin cabezas y sin armas, a Don Diego y Don Fernando, y atados a un viejo roble, a sus caballos. Jamás se supo de Carlos. El rey impuso un dia de luto en la corte y una semana en la aldea, y mandó cambiar, por decreto real, su nombre, que pasó entonces a denominarse "Santa María de los Caballeros"

Allí mismo quedaron sus cuerpos, enterrados e incompletos.

Pasado un tiempo, a Carlos, la plebe, le escribió una canción que se cantaba en secreto:

"El buen Carlos del pueblo llano
en Santa María de Ávila
rebanó las cabezas
de Don Diego y Don Fernando.
El Rey lo buscó entre sus huestes
entre los nobles y los mundanos.
Si Dios no le dió cobijo
en el infierno encontró escondrijo.
Pasado un tiempo infinito...
ni
el cielo, ni el Rey ni la Iglesia
encontraron sus cabezas..."



El Vecino del 4º
Publicación original en: http://www.elvecinodelcuarto.blogspot.com/

10 comentarios:

García Francés dijo...

Dª Amaya gracias por sus hermosos versos y por abrir su espacio a un cronista del XVII.

Un placer saludarla, amiga.

azpeitia dijo...

Como siempre Amaia, tan galante y hospitalaria con nosotros, los escritores de esta Galaxia de Internet...Hijos pródigos sin remedio de este desventurado siglo de materialismo pertinaz. Como siempre nos traes gente de valía y enjundia, en castellano antiguo...Enhorabuena a El Vecino del 4º por trasladarnos unos siglos atrás a esa España de capa y mandoble, que tanto sabor tiene en la tradición literaria...un abrazo desde Zuhaitz-Ondoan de uno de esos hijos pródigos que tu acoges en tu página con tanto amor...azpeitia

AnaR dijo...

Una preciosa crónica medieval.Preciosa.¡¡Ah!! y yo recién me hice asidua de su blog Poesía invisible.Que conste en acta,please.

Un abrazo

VIVIR dijo...

Magnifica entrada con recuerdos a hombres de verdad... que seguramente acompañarian mujeres de verdad de la época... donde el hombre era hombre y la mujer mujer... ¡que maravilla!.... grandes batallas, en grandes ciudades... grandes hombres... grandes mujeres... mejor vino y mejor queso del de verdad... para que la verdad fuese unida...

¿Entonces?... entonces los domingos eran domingos y no ahora... que ni son domingos ni na de na...

¡Ole tu! y ese arte que te sobra por "to los laos"....

¡porque tu... vas sobrá!

Marcos Callau dijo...

Bueno, vaya descubrimiento el que nos has traído hoy Amaya. Ahor amismo me pongo a ver al vecino del cuarto. Muy bonita historia.

Alma Mateos Taborda dijo...

Una crónica maravillosa, sin desperdicios. Un abrazo y Felicitaciones!

Ferchuline dijo...

Amaya, te invito a leerme en mi blog www.ferchuline.blogspot.com

Beso grande!

MarianGardi dijo...

Amaya, gracias al vecino del 4° por este viaje tan interesante a la edad media.
Iré a su pagina a visitarle, espero que tenga ascensor este vecino y no me haga subir cuatro pisos!!
Un abrazo

Belkis dijo...

Interesante reseña. Siempre hace bien recordar a esa gente que daban la vida por el bien de su patria, aunque luego otros la volvían a encadenar… rumores de otras vidas que despiertan el deseo de reemplazar la nube tenebrosa de la irracionalidad y la violencia con la claridad de la razón, el progreso y la ciencia. Gracias a Azpeitia te conocí y gracias a ti, conozco al vecino del 4to. Interesante lo que se logra con esta ventana al mundo. Me quedo para seguir tu obra. Un saludo cordial

Leni dijo...

Me encanta revolotear por esa época histórica donde anida el misterio y la guerra y el linaje.

Un muy buén relato.
Cuantas cabezas rodaron para acabar en el infierno¡¡

Un beso cielo.