domingo, 29 de marzo de 2015

Mientras la ciudad mira a otra parte



No me encuentro
pero ¿Qué importa?
No me encontraba ya entonces;
cuando aún era más grave no saber
de uno mismo,
porque de aquellos dias solo me queda un horizonte
(inalcanzable)
de gritos infantiles sin orden ni concierto
Yo no era más que unos calcetines a media pierna mal subidos,
un jadeo entrecortado silbando las esquinas
de una calleja retorcida
del casco antiguo,
unas mejillas preñadas de una vida que nunca alcancé
a parir por completo
Soñaba con hacerme grande,
como si el tamaño pudiera espantar la soledad
de algún modo, darme la contraseña del mundo
Soñaba con otra mano, húmeda y pequeñita,
que al estrechar la mía se llevara el miedo
Era poco o mejor dicho;
poco importante,
así y todo
¡ como deseé en ocasiones haber sido aún menos!
preferiblemente invisible.
Ahorrarme la tristeza de crecer
sin haber cumplido los años necesarios
Pero no escogemos los caminos
que han de enseñarnos
Muy al contrario,
quizás sean ellos los que se hacen
con nosotros,
mientras la gente buena
duerme
y la ciudad
mira a otra parte
 
Amaya Martin

1 comentario:

Azpeitia Aleph dijo...

Tu poesía es una limpieza meridiana, no hay palabras rebuscadas, todo fluye con una naturalidad inusitada y bella y esa inocente ingenuidad de un corazón limpio...que bello es lo que escribes....un beso de azpeitia